Historia de una lesbiana en el franquismo (V): Todo por su hijo

Publicado: 13 octubre 2010 de shilgar en cultura lesbiana, historias lesbianas
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Después de vivir su corta aventura por Barcelona volvió de nuevo con su  familia a Algemesí. A partir de aquel entonces, se dedicó a trabajar en tareas del campo: en un almacén de naranjas, en la recogida del maíz,…Fue en esa etapa cuando conoció a Aurelio, un chico alto, atractivo, rubio y con ojos castaños. Provenía de una familia bien provista de tierras, bienes inmobiliarios y ganadería, en concreto vacas lecheras.

Por aquel entonces, ambos eran muy jóvenes e inexpertos, y, al conocerse, poco a poco surgió entre ellos una relación afectiva. La madre de Aurelio siempre se opuso a que aquella relación se prolongara, pues tenía mejores proyectos para su hijo. Además, “aquella pelagatos no tenía nada que aportar a su hijo”. Su primogénito necesitaba una mujer que también estuviera bien posicionada y no una chica que sólo poseía lo que trabajaba con sus manos.

Aunque aquella mujer se opuso a la relación, ambos siguieron viéndose durante algunos años.

Francesca tenía 20 años cuando una mañana, y tras varias faltas, comprendió que se había quedado en estado. Aquello fue como recibir un jarro de agua fría. Coincidió con que él fue llamado a realizar el servicio militar y ambos se sentían tan perdidos que no sabían cómo encajar aquella situación.

La primera en la familia que supo la noticia fue la madre de Francesca. Imagínense la situación, en aquella época en que todo estaba mal visto, tener un hijo fuera del matrimonio y en un pueblo donde todo el mundo se conocía. Pues sí, fue un desastre. La reacción del padre de Francesca fue conforme a lo esperado, y la invitó a salir de aquella casa. Sus palabras, según me relata, fueron: “Vete del pueblo que se me cae la cara de vergüenza, así que mira como te las arreglas que no quiero ni verte”.

La madre de Francesca se las arregló para que su hija pasara el embarazo en casa de una tía que vivía en Valencia, en la zona de Patraix. Cuando tuvo a su hijo Salvador, Aurelio, que estaba en Jaca (Huesca), le visitó para conocerlo. Pero, poco a poco, todo fue enfriándose, hasta el punto de que Aurelio se desentendió.

Tras la recuperación del parto decidió volver al pueblo, donde se hospedó en casa de una hermana mayor, que también había sido madre de una niña muy hermosa. Comenzó a trabajar, de nuevo, en el almacén de naranjas y la vida iba transcurriendo. En sus idas y venidas del almacén, conoció a un hombre muy bien situado, casado, de familia conservadora y católica, que conocía la historia de Francesca. Sabiendo que el padre del niño se había desentendido totalmente, quiso ayudarla de alguna forma. Pero Francesca siempre rechazó cualquier tipo de ayuda, hasta que un día una compañera de trabajo le explicó que aquel hombre tenía tanto dinero, que no necesitaría jamás trabajar si aceptaba mantener una relación afectivo-sexual.

Francesca estaba harta de trabajar de sol a sol, de no poder criar a su hijo en las condiciones que ella quería, así que aceptó mantener esa relación con aquel señor. Intentaron que aquello fuera lo más discreto posible. De hecho, todos los encuentros sexuales se sucedían en pensiones de Valencia, pero la cosa no resultó como ambos esperaban. Una tarde, se llevaron a Francesca detenida a la cárcel de mujeres, en el Paseo de la Petxina de Valencia, acusada de adulterio. Se le aplicó la ley de vagos y maleantes, y estuvo en prisión durante 4 ó 5 meses. Me cuenta que la esposa de aquel señor era falangista y, por lo visto, tenía mucho poder.

De ahí la trasladaron a Segovia, a un correccional, también dirigido por monjas, donde pasó 15 meses de su vida. Allí se encontró con una monja del antiguo reformatorio, que se apiadó de ella ayudándole en los momentos de flaqueza. A través de ella se enteró de que la estancia en el reformatorio era por tiempo indefinido y que detrás de aquella orden, sin duda alguna, había alguien con mucha mano.

Durante su estancia mantuvo muy buenas relaciones con otra reclusa, Rosana, una chica morena, de baja estatura, ojos avispados, de piel suave y muy graciosa. Por lo visto tuvieron sus escarceos, y se acariciaban desnudas en mitad de la noche cuando el resto de reclusas descansaban.

Francesca tenía encomendada la faena de ayudar a la enfermera de aquel reformatorio y, así, aprendió a realizar muchas labores de enfermería e incluso tareas de alto riesgo. También se sucedían prácticas poco éticas, como inyectar algún medicamento que provocaba dolores intensos en las reclusas. ¿Por qué? Pues porque nunca nadie se preocupó por ellas; que no sólo estaban apartadas de la sociedad, sino que se habían convertido en lo más ruin: la escoria de un País.

Al tercer mes de su estancia en aquel reformatorio, comenzó a recibir visitas de aquel hombre casado, que era el responsable, en definitiva, de que se encontrara allí encerrada. Él comenzó a mover los hilos pertinentes hasta que consiguió que saliera de aquel infierno.

Volvió a Algemesí, pero allí la gente le rechazaba, le miraba mal, le insultaba por la calle y nadie se dirigía a ella, así que ante aquella situación, decidió irse a Valencia a buscar trabajo y una vida mejor junto a su hijo. Empezó a trabajar en una sombrerería y en una fábrica donde se arreglaban medias de seda.

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comentarios
  1. beacom dice:

    hola, me está encantando la historia, esa mujer tuvo mucho valor para ser tan “rebelde” en aquella época; ¿la historia continúa o termina aquí?

    • granmimo dice:

      Querida amiga a la historia de Francesca puedo añadirle algún capítulo, pero no puedo seguirla, nuestra amiga se fue hace ya unos meses. Estaba muy emocionada de poder contar su historia y que a la gente le interesara.

  2. Lidia dice:

    Buenos dias, mi nombre es Lidia Ortí, estoy investigando sobre estos temas por que estoy escribiendo un libro, lo cierto es que me gustaria saber si hay alguna posibilidad de contactar con Francesca y entrevistarme con ella, ya que su historia seria una parte muy importante en mi relato. Me gustaria que lo tuvierais en cuenta y me ayudarais. Si es asi, podeis poneros en contacto conmigo en mi e-mail lydieta15@hotmail.com. Muchas gracias de antemano. Un saludo.

    • shilgar dice:

      Todo lo que dispongo está publicado en este blog. Es muy interesante tu inquietud y sí me gustaría haberte presentado a Francesca, para ella es una buena dosis de vida poder trasmitir toda su vida y experiencia.
      De todas formas, me pongo en contacto a través de tú mail.
      saludos

  3. Mano dice:

    Vaya, ¡Que cabeza tiene la señora! que todavía te cuenta las cosas con un orden y seguro que tú le das el buen sentido.

    Besos Shilgar.

    • shilgar dice:

      Lo cierto es que tiene tanto que contar que, a veces, debo de reconducir o intentar que organice sus ideas para que entienda el sentido de los sucesos.

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