Posts etiquetados ‘militancia y activismo’


En mis 44 lésbicos años de vida, he tenido hitos memorables, significativos, que han ido marcando mi definición como bollera: mis muñecas y sus relaciones lésbicas (los pobres muñecos tuvieron que liarse entre ellos porque no les quedaba más remedio, visto el plan de ellas…); mi primer beso en la boca (si se puede llamar así…) a una mujer con 7 años, mi primera tocada de tetas (bueno… pezones en una tabla rasa de niña) a los 8 años (fue a la misma niña que besé por primera vez, que evolucionamos y avanzamos en nuestra relación 😀 -Mª Carmen, siempre te llevaré en mi corazón-); mi primer amor platónico, enfermizo (¡Victoria Abril cuando era la secretaria contable del “1, 2, 3… Responda otra vez”!); mis otros cientos de amores platónicos durante toda mi infancia y adolescencia (fui una niña muy aplicada en el colegio porque tendía a enamorarme con una facilidad escandalosa de mis profesoras, así que intentaba destacar en sus clases para que ellas se fijasen en mí); la primera vez que me atreví a declararme, que fue a mi profesora de inglés, Emilia (tenía yo 14 años y resultó ser una “kika” de la Iglesia Católica que se casaba en un mes…); mi primer beso de verdad (20 años) por amor, adulta y consciente de ello, atreviéndome con lo desconocido y sintiendo el mayor de los vértigos que jamás haya experimentado (Lucía, tu vida se truncó trágicamente, pero siempre vivirás en aquel beso), mi salida del armario con los amigos (todos dijeron “ya era hora de que tú te dieses cuenta, nosotros lo sabíamos desde hace bastante tiempo…”), mi amarga y dolorosa salida del armario con mis padres (“¿Qué hemos hecho para tener una hija así? […] Te llevaremos al médico para que lo arregle […] ¿Pero qué cojones encuentras tú en el coño de una mujer? […] ¡Ahora entiendo tantas amigas tuyas durmiendo en casa! […] Fuera de casa, no mereces ser hija nuestra…”), la salida de armario en mi trabajo (¡a partir de ahora tu chica viene a las comidas de empresa, claro que sí!), la primera vez que visité el ambiente (¡dios mío! ¡Cuántas mujeres! ¡Existía el paraíso y yo no lo sabía! -amigas y compañeras de Lezonlife, gracias por mostrarme el ambiente y por hacerme crecer como persona y como lesbiana, a mis 33 añitos…), y, por supuesto, todas y cada una de las mujeres con las que he compartido mi vida sentimental, a las que he amado con locura, que me han hecho mejor ser humano, más y mejor mujer, mejor amiga, mejor amante(¡!), más lesbiana (si cabe), con las que he construido hogares, refugios en los que cobijarnos y vivir intensamente nuestro amor; mujeres a las que sólo puedo dedicarles cariño, respeto, gratitud… ni un solo mal recuerdo a pesar de lo doloroso de las separaciones, del final del proyecto común, de que se acabase el amor… con cada una de ellas afiancé mi compromiso con mi propia identidad, con cada una de ellas me sentí cada vez más orgullosa de ser mujer y lesbiana.

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